Autor: Simone Bacci
Texto: Michele Smargiassi
Páginas: 76 + Libreta de 20 páginas
Idioma: Italiano/Español/Inglés
Mes/Año: Marzo de 2026
Formato: 220 x 142 mm
Embalaje: Grapado con bolsillo in III de cubierta
ISBN 978-88-88290-13-3
€ 22,00
El pollo es un viejo amigo de los estudiantes de estadística. Ya saben: uno se come dos pollos, el otro ninguno; por lo tanto, hemos comido un pollo cada uno… Pero cuando pollo no hay, las estadísticas y sus engaños quedan literalmente en cero. El pollo es carne revolucionaria. Carne del orgullo patriótico. Es la única carne prevista por la canasta básica familiar, la llamada cuota, es decir, la lista de productos alimenticios a los que el ciudadano cubano debería tener derecho presentando en el mostrador del carnicero su libreta de abastecimiento, o sea la tarjeta de racionamiento, un cuadernillo muy parecido al que usted tiene en las manos, aunque con unas dimensiones similares a las del folleto dentro del bolsillo de la contraportada.
Pero pollo no hay. Hoy no hay. ¿Mañana? Quién sabe.
El carnicero se lo dirá con una sonrisa de resignada e irónica solidaridad. La misma que recibió Simone Bacci la primera mañana de su primera estancia en Cuba, en 2016, cuando, como italiano dependiente de la cafeína, pensó que para para desayunar con un buen café era suficiente bajar a la bodega y comprar un paquete. No, café no hay. […] Al cabo de unos días se acostumbró al mantra. Pero, sobre todo, empezó a ver esos estantes desolados, medio vacíos o completamente vacíos, donde a veces solo alguna etiqueta escrita a mano, como una especie de lápida a los caídos, habla de mercancías que quizá estuvieron allí alguna vez, pero ya no, no hay […]
No hay arroz, no hay harina, no hay nada, o casi nada. Para no hablar de las farmacias, donde el no hay, de condena al ayuno, se convierte en la angustia de no poder curarse.
A veces, como en una especie de espejismo, hay una fila entera de botellas de ron o de latas de cerveza. Pero no se cocina la ropa vieja ni el congrí con ron. Eso sí, puedes olvidarte del almuerzo.
Así fue como Simone Bacci, hispanohablante por tradición familiar y fotógrafo por vocación, tuvo la idea de contar el no hay a través de una colección de su perentorio equivalente visual: el estante que languidece, el plato que llora. […] Ahora bien, el objeto de esta investigación podrá parecerles insuficiente: he aquí la representación metafórica de un país revolucionario estrangulado por la crisis económica y por el bloqueo estadounidense. […] Una historia formada
también por la carne y la sangre, por los sentimientos y los símbolos con que se carga la vida colectiva cuando se somete a una condición de estrés. Simone recuerda bien el desgano de muchos cubanos, y de muchos tenderos, en ir más allá del desolador no hay, la reticencia a hablar del fracaso de la revolución, enmascarado bajo la nostalgia de “con Fidel se vivía mejor”. […]
Y esos estantes vacíos, donde a veces un solitario paquete de sal, una lata de tomates huérfana, con sus etiquetas del precio escritas a mano en elegante caligrafía, casi para compensar con dignidad la escasez, parecen piezas en las vitrinas de un museo arqueológico; esos estantes donde resuena el eco de la penuria […] que ha visto vaciarse una promesa que, sin embargo, aún lleva en el bolsillo, en cartón gris, como una letra de cambio impaga, con todos sus sellos, firmas y reglamentos al dorso como certificaciones de aquella esperanza en un mundo mejor que tantas veces le fue prometido, promesa de la anhelada idea de un futuro de igualdad, libertad, fraternidad y bienestar que ha conquistado los corazones de millones de personas, pero que todavía, no se sabe por qué, todavía no hay, no hay, no hay?
(del texto introductorio de Michele Smargiassi)